Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño
Tu cuerpo era el mismo y era distinto cuando cada vez que te desnudabas. Como un bosque. Como el río de Heráclito. Como las evanescentes caricias que presagiábamos. Como la luz. Una sola certeza de perpetuo movimiento. Como los poemas de Storni o Borges, Shimamoto. La cuestión era saber reinventarse cada vez que tu nueva desnudez iluminaba la noche inaudita.
ANTELACIÓN DEL AMOR
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta
ni la privanza de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña,
ni la sucesión de tu vida situándose en palabras o acallamiento
serán favor tan persuasivo de ideas
como el mirar tu sueño implicado
en la vigilia de mis ávidos brazos.
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha en la selección del recuerdo,
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes,
Arrojado a la quietud
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré por vez primera quizás como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo
sin el amor, sin mí.
Jorge Luis Borges



