Como no sea aquélla
Shimamoto: ¿hasta dónde llegan las palabras? ¿Llegan hasta el cielo y de regreso? Quise creer que eran la línea más corta entre dos cuerpos. Pero, ¿y qué la carne, qué el silencio, qué la brutalidad, qué la distancia? Viéndolo fríamente, de un año a la fecha mis palabras sólo han retrocedido diez centímetros. Me parece que antes llegaban a tu centro, y ahora se quedan en la piel. Como el polvo.
Uno se dice:
¿Qué mujer no se vería orgullosa
de provocar a estos poemas?
Como no sea aquélla
para la que fueron, por desgracia,
escritos.
Eduardo Lizalde




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