No poder amar trescientas a la vez
La condena a recordar, Shimamoto. El dulce placer salado. (A veces, de tarde, sé que la verdadera condena será el olvido)
¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible
de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se
halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura,
sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni nombre sino sólo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas
fugaces de eternidad visible?
Me muero es esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre
a una, a esa una, a esa única que me diste en el vago paraíso.
Gonzalo Rojas



