El misterio de Shimamoto
¿Tú qué dices? Si te conociera más, ¿te querría más o menos? Eres un gran misterio. Llegaste como tormenta y un día, cuando me había acostumbrado a estar mojado, escampaste. Escapaste. Ni siquiera sé de qué. Pero traías muchas ganas de huir de cosas tuyas y de cosas pasadas y, tal vez, de cosas mías. No sé si séra muy presuntoso suponerlo.
Yo tengo la teoría de que tú eras la noche, poblada de luciérnagas y bosques vueltos fuego. Ruido de cataratas oculto por el crepitar de árboles imposibles, añosos y verdes. O ruido de árboles creciendo ocultado por el estruendo de cataratas. La luna tras del incendio; la luz de tus ojos como tizón, tus brazos luchaban por contener las brasas que te atravesaban del pie hasta la conciencia, del pecho hasta el deseo.
Sé de ti tanto como de las mareas, de la luz y del agua: Eres una fuerza vital, que agradezco que exista, cuyas íntimas motivaciones se me escapan y me resigno a desconocer. Y disfruto, claro. Y bebo, y me baño y me refugio en ti y te abrazo todo lo que puedo desde la distancia que nos separa.
Eres como el Santo Grial, El Rey Arturo, Aztlán. Queremos creer que fuiste real.



