El inicio del relato de Shimamoto, que comienza por el final
Quedó reducida al poema más hermoso que me ha sido dado deletrear. La historia que construimos con Shimamoto se ahogó de silencio: tras ella, todas las palabras que vinieron suenan a elegía.
Este es el relato de su cuerpo. Afuera no hay más belleza.
Iniciaré explicando que su nombre es Shimamoto porque suena a vuelo de colibríes y a océano oscuro y desmedido. El mío es Hajime, no sé por qué. Ella es mayor que yo por tres años; es decir que ahora tengo la misma edad que ella tuvo cuando nos vimos por última vez en Kanasawa, y yo entendí que Shimamoto quería que nos reuniéramos en su cuerpo y abandonarme temprano en la mañana.
Creo saber de ella que mi lejanía le ha acomodado. En mi caso ocurre lo mortalmente opuesto, pero sería una injusticia que yo abandonara todas las palabras que la han mantenido viva, en mí, desde entonces. Por eso comienzo esta bitácora. Reuniré los mínimos versos y cotidianidades que poco a poco le han dado forma a su ausencia. Tal vez, dentro de muchos años, terminen esbozando una imagen similar a la del amor derruido que dejó. Tal vez un día ella se canse de no esperarme. Y vuelva, como mar nocturno.



