¿En qué hondonada esconderé mi alma / para que no vea tu ausencia...
Lo triste, una vez te lo dije, es que habríamos de olvidar. Sanaríamos. O, mejor dicho, se necrosaría el flanco del corazón que se incendiaba cuando estábamos juntos. Y si hoy estuvieras cerca podría decirte: me consta, lo empiezo a comprobar. Me muero de a poco, gracias: hay días en que ya empiezo a ver un horizonte de recuerdos enmudecidos, yermos y muertos. Ya me deslavo, algo se me evapora. Hoy te entiendo lejos, y no entiendo cómo los espejos no me devuelven la imagen de un manco, de un ciego.
AUSENCIA
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde
Jorge Luis Borges



