Hay muertos que no hacen ruido, llorona
Nunca he sabido por qué este son —el istmeño que más me gusta— se llama así. Eso tiene gran parte de la música popular: es conocida por todos, cantada por muchedumbres; pero su poesía sigue siendo misteriosa, profunda, contradictoria como cualquier cosa viva. Cuando cualquiera la canta se convierte en una bellísima medusa que se apodera del cantor y del escucha, y envenena con su hechizo la distancia entre quien dedica, quien oye, el tiempo que los une y los separa, los olvidos y las guaridas de la memoria, la historia meticulosamente amada y los fines abruptos que suele disponer la vida.
LA LLORONA
Todos me dicen El Negro, llorona,
negro, pero cariñoso;
yo soy como el chile verde, llorona,
picante pero sabroso.
Ay de mí, llorona,
llorona de ayer y hoy,
ayer maravilla fui, llorona,
y ahora ni sombra soy.
¡Ay, ay, ay!, llorona,
llorona, tú eres mi xunca,
me quitarán de quererte, llorona,
pero de olvidarte, nunca.
La pena y la que no es pena, llorona,
todo es pena para mí,
ayer penaba por verte, llorona,
y hoy peno porque te vi.
Ay de mí, llorona,
llorona, llévame al río,
tápame con tu rebozo, llorona,
porque me muero de frío.
A un santo Cristo de madera, llorona,
mis penas le conté yo,
cuán grandes serían mis penas, llorona,
que el santo Cristo lloró.
Las campanas claro dicen, llorona,
sus esquilas van volteando,
si mueres, muero contigo, ¡ay, llorona!,
si vives, te sigo amando.
Ay de mí, llorona,
llorona de azul celeste,
aunque la vida me cueste, llorona,
no dejaré de quererte.
Yo no sé cuándo es de noche, llorona,
yo no sé cuándo es de día,
por no saber no doy sombra, llorona,
si no te veo, vida mía.
Entre la noche sombría, llorona,
tus ojos negros brillaron
y hasta los gallos cantaron, llorona,
creyendo que amanecía.
Una vez yo vi el infierno, llorona,
y otra vez el cielo vi,
cuando me dijiste no, ¡ay, llorona!,
cuando me dijiste sí.
Cada vez que cae la tarde, llorona,
me pongo a pensar y digo
¿de qué me sirve la cama, llorona,
si tú no duermes conmigo?
Yo me subí a un alto pino, llorona,
pa' ver si te divisaba,
y como el pino era tierno, llorona,
de verme llorar, lloraba.
A mí el confesor me dijo, llorona,
que te olvide y no te quiera,
suspirando yo le dije, llorona,
"¡Ay, padre!, si usted la viera..."
Ay de mí, llorona,
llorona del campo lirio
el que no sabe de amores, llorona,
no sabe lo que es martirio.
Si porque te quiero quieres, llorona,
que yo la muerte reciba,
que se haga tu voluntad, ¡ay, llorona!,
moriré por que otro viva.
Dicen que no tengo duelo, llorona,
porque no me ven llorar:
hay muertos que no hacen ruido, llorona,
y es más grande su penar.
No sé qué tienen las flores, llorona,
las flores del camposanto,
que cuando las mueve el viento, llorona,
parece que están llorando.
Si porque te quiero quieres, llorona,
quieres que te quiera más...
si porque te quiero quieres, llorona,
quieres que te quiera más...
Te quiero más que a mi vida, llorona,
¿qué más quieres? ¡Quieres más!



