Donde se relata cómo conocí a Shimamoto
Toda ella da la impresión de estar a punto de florecer. Sus pechos abrigan magnolias, por ejemplo. Pero eso lo supe mucho después.
A ella la conocí cuando era periodista. Fue en el año 2005, en Nagoya. Platicaba con su jefe y yo le dije a una compañera que la nueva reportera era bellísima. Y elegante, pero eso no lo dije. Y que me gustaba, pero eso se sobreentendía. No sé cuándo fue la primera vez que hablamos, pero Shimamoto me dijo que lloró. Yo la quiero más por eso. El segundo recuerdo que tengo es cuando me regaló un libro de Mario Benedetti, por mi cumpleaños. Tenía una dedicatoria muy hermosa y fui feliz al leerla. Soy feliz al recordarlo.
Tiempo después hice una fiesta en mi casa. Yo vivía en una azotea pero qué importa. Yo sólo quería verla a ella, pero claro, me ganó el pudor y tuve que invitar a toda la redacción. Me aterraba la idea de que ella, de que justo ella, fuera la única que faltara. Ya tarde, llegó acompañada por otro de los reporteros nuevos. Cuánto se puede odiar a un desconocido, cuánto se puede elucubrar con la presencia de un extraño. Me sentía Menelao tras la llegada de Paris: "Y pensar que yo lo invité..."
No hablamos mucho. Esa mujer me imponía, me arrasaba. Las mariposas, las mariposas en los huesos y en la boca del estómago. Se fue pronto (¿por qué, carajo, por qué? ¡Quédate, quédate aquí!). Y ese día me quedé con las ganas de verla convertirse en selva.



