Desnuda aún, te habías levantado
El erotismo no admite circunloquios. Es tan sencillo como una mujer y un hombre, como su desnudez, el sudor y el espasmo. Tan brutal como un ciervo que muere. Tan tierno como un ciervo que muere. No hay tal cosa como el erotismo. La única poesía es el gemido de los cuerpos reunidos.
DESNUDA AÚN, TE HABÍAS LEVANTADO
Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.
Miraba el tiempo absorto, en el espejo
de aquel instante, una figura suya
definitiva y simple como un nombre:
mi semen en tus muslos, su reflejo
de lava mía en luz de luna tuya
alba geológica en mujer y hombre.
Tomás Segovia



