Cuídala siempre
Cerecita, ¿te acuerdas cuando nos fuimos al cine, a cenar a Los Portales, luego a La Taberna y luego a tu casa? Nos dijimos cosas muy hermosas y muy duras. Yo me acuerdo que cuanto varón había en el bar quería ligarte y, claro, como habíamos quedado como amigos, yo no podía ni quería decirte nada, pero las mariposas del estómago que solía sentir cuando estabas cerca estaban tristes y grises y angustiadas. Cuando salíamos alguien me detuvo y me dijo que te cuidara para siempre. Dije que sí y te voltee a ver. Estabas esplendorosa. Luego nos besamos mucho, mucho, y yo salí muy borracho de tu casa, de ti, de nosotros y de la marvillosa suerte que tenía de conocerte.



