Pero su cruel belleza es implacable
Un tigre te habitaba la sangre. Las enrededaderas de su piel y los incendios de sus retinas dormían dentro tuyo. El rayo, el frío, el hambre, el hombre los despertaban. Tus pasos se volvían todo el acecho de la selva y tu espasmo resulta mortal, de necesidad.
BELLÍSIMA
Y si uno de esos ángeles
Me estrechara de pronto sobre su corazón,
Yo sucumbiría ahogado por su existencia
más poderosa.
RILKE, de nuevo
Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa...
yo podría tolerarla.
Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.
Eduardo Lizalde



