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El gran regalo que fue

por Hajime
domingo, 04 de enero del 2009 a las 07:28

Al menos por el momento —4 de enero de 2009— con este mensaje concluyo este blog. Que tiene más de abrazo que de diario, más de deseo que de bitácora. La quise mucho, la quiero mucho. La recuerdo y la recordaré constantemente. Fue una fiesta lo que viví junto a ella y así viene a mi mente cada vez que la pienso. Hablo de Shimamoto. Soy Hajime. y es una lástima que su felicidad  —ojalá que no sea así por siempre— esté de momento lejos de mí. Este blog (deseo-abrazo) es su regalo de cumpleaños. Sólo una sencilla manera de hacerle saber el gran regalo que fue.

Quiero comer contigo, estar, amar contigo

por Hajime
lunes, 29 de diciembre del 2008 a las 08:12
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Ya, es ciertamente misterioso que alguien te encuentre en cada murmullo, en cada revista, en cada bocacalle; pero una vez asumido este enigma, resulta aún más incomprensible que un buen día ese susodicho alguien vea un lirio donde hay un lirio, y no te vea a ti; vea un cigarro donde hay un cigarro, y no tu presentimiento. ¿Qué enorme viaje ha hecho el cariño? Va desde el mundo hasta ti, y de regreso.

AMOR MÍO, MI AMOR, AMOR HALLADO...

Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.
Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.
Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.
Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,
voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

Jaime Sabines

Está pagado, barrido, olvidado

por Hajime
lunes, 29 de diciembre del 2008 a las 02:30

Cuando a alguien le conté nuestra historia me dijo que parecía una novela francesa decimonónica. Me gusta: hago mío el símil. La bella protagonista y el no tan bello pero amantísimo coprotagónico jamás encuentran el modo de estar juntos, y, al fin, la vida (o la muerte, es lo mismo) encuentra el modo de separarlos definitivamente.

Pero quién podría resignarse a ese final. Así que me adelanté un siglo: quise terminar esa novela (empezarla, de hecho) como Edith Piaf lo hizo, de acuerdo con esta canción. Pero, bueno, insisto, parece que estuve fuera de lugar un siglo, más o menos.

La nuestra terminó siendo una novela japonesa de Haruki Murakami. Y no me encuentro ni al sur de la frontera ni al oeste del sol, Shimamoto.

NO, NO ME ARREPIENTO DE NADA

¡No! Nada de nada
¡No! No me arrepiento de nada
Ni del bien que me han hecho
ni del mal. Como sea me da lo mismo.

¡No! Nada de nada
¡No! Nada lamento
Está pagado, barrido, olvidado:
nada me importa lo que ya pasó.

Con mis recuerdos
he encendido el fuego,
mis penas y mis placeres
ya no los necesito.
Barridos están los amores
y sus estremecimientos.
Barridos para siempre,
vuelvo a empezar de cero.

¡No! Nada de nada
¡No! No me arrepiento de nada
Ni del bien que me han hecho,
Ni del mal
¡Todo eso me da igual!

¡No! Nada de nada,
¡Que no! No lamento nada
Porque mi vida,
porque mis alegrías, te lo digo,
después de todo,
hoy comienzan contigo.

-----

NON, JE NE REGRETTE RIEN

Non! Rien de rien...
Non! Je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal tout ça m'est bien égal!

Non! Rien de rien...
Non! Je ne regrette rien
C'est payé, balayé, oublié
Je me fous du passé!
Avec mes souvenirs
J'ai allumé le feu
Mes chagrins, mes plaisirs
Je n'ai plus besoin d'eux!

Balayés les amours
Avec leurs trémolos
Balayés pour toujours
Je repars à zéro ...
Non! Rien de rien ...
Non! Je ne regrette rien
Ni le bien, qu'on m'a fait
Ni le mal, tout ça m'est bien égal!

Non! Rien de rien...
Non! Je ne regrette rien
Car ma vie, car mes joies
Aujourd'hui, ça commence avec toi!

Michel Vaucaire

Hay muertos que no hacen ruido, llorona

por Hajime
viernes, 26 de diciembre del 2008 a las 08:12
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Nunca he sabido por qué este son —el istmeño que más me gusta— se llama así. Eso tiene gran parte de la música popular: es conocida por todos, cantada por muchedumbres; pero su poesía sigue siendo misteriosa, profunda, contradictoria como cualquier cosa viva. Cuando cualquiera la canta se convierte en una bellísima medusa que se apodera del cantor y del escucha, y envenena con su hechizo la distancia entre quien dedica, quien oye, el tiempo que los une y los separa, los olvidos y las guaridas de la memoria, la historia meticulosamente amada y los fines abruptos que suele disponer la vida.

LA LLORONA

Todos me dicen El Negro, llorona,
negro, pero cariñoso;
yo soy como el chile verde, llorona,
picante pero sabroso.

Ay de mí, llorona,
llorona de ayer y hoy,
ayer maravilla fui, llorona,
y ahora ni sombra soy.

¡Ay, ay, ay!, llorona,
llorona, tú eres mi xunca,
me quitarán de quererte, llorona,
pero de olvidarte, nunca.

La pena y la que no es pena, llorona,
todo es pena para mí,
ayer penaba por verte, llorona,
y hoy peno porque te vi.

Ay de mí, llorona,
llorona, llévame al río,
tápame con tu rebozo, llorona,
porque me muero de frío.

A un santo Cristo de madera, llorona,
mis penas le conté yo,
cuán grandes serían mis penas, llorona,
que el santo Cristo lloró.

Las campanas claro dicen, llorona,
sus esquilas van volteando,
si mueres, muero contigo, ¡ay, llorona!,
si vives, te sigo amando.

Ay de mí, llorona,
llorona de azul celeste,
aunque la vida me cueste, llorona,
no dejaré de quererte.

Yo no sé cuándo es de noche, llorona,
yo no sé cuándo es de día,
por no saber no doy sombra, llorona,
si no te veo, vida mía.

Entre la noche sombría, llorona,
tus ojos negros brillaron
y hasta los gallos cantaron, llorona,
creyendo que amanecía.

Una vez yo vi el infierno, llorona,
y otra vez el cielo vi,
cuando me dijiste no, ¡ay, llorona!,
cuando me dijiste sí.

Cada vez que cae la tarde, llorona,
me pongo a pensar y digo
¿de qué me sirve la cama, llorona,
si tú no duermes conmigo?

Yo me subí a un alto pino, llorona,
pa' ver si te divisaba,
y como el pino era tierno, llorona,
de verme llorar, lloraba.

A mí el confesor me dijo, llorona,
que te olvide y no te quiera,
suspirando yo le dije, llorona,
"¡Ay, padre!, si usted la viera..."

Ay de mí, llorona,
llorona del campo lirio
el que no sabe de amores, llorona,
no sabe lo que es martirio.

Si porque te quiero quieres, llorona,
que yo la muerte reciba,
que se haga tu voluntad, ¡ay, llorona!,
moriré por que otro viva.

Dicen que no tengo duelo, llorona,
porque no me ven llorar:
hay muertos que no hacen ruido, llorona,
y es más grande su penar.

No sé qué tienen las flores, llorona,
las flores del camposanto,
que cuando las mueve el viento, llorona,
parece que están llorando.

Si porque te quiero quieres, llorona,
quieres que te quiera más...
si porque te quiero quieres, llorona,
quieres que te quiera más...
Te quiero más que a mi vida, llorona,
¿qué más quieres? ¡Quieres más!

Y en general te habías ido

por Hajime
viernes, 26 de diciembre del 2008 a las 07:57

Shimamoto es una desconocida entrañable. Tanto sé de ella como de la migración de las mariposas. Con esos retazos de conocimiento, casi intuiciones, ahora debo afrontar este mundo inumerable: sentir, explicarme las desazones, definir las brechas posibles, dejarme ajusticiar por la imaginación. Cómo querría adentrarme en las grutas de su voz y su alma, de sus sicomoros y manantiales. Preguntar por el nacimiento de sus bosques, profundizar geológicamente en sus montes y magmas subterráneos, cuestionarla con largueza sobre la evolución de su sonrisa y las nidadas de garzas que la pueblan. Cuánto daría por rasgar el velo de su templo, encontrarme las tablas de su ley, escuchar a sus profetas íntimos y a sus nigromantes multidudinarios. Que me expliquen por qué sin ella no hay cosmos posible.

EN LA FECHA

Solo de ti, lleno de ti,
esta tarde a las 7,
el ciudadano de tu ausencia
se palpaba la cara, la voz, los papelitos,
deveras comprobando
que tus ruidos andaban por sus huesos
y en general te habías ido.
Golpeó puertas, teléfonos.
La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,
y él sentía tirones detrás del corazón.
A lo mejor era el tabaco,
de todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.

Juan Gelman

No soy yo el que te ama este minuto

por Hajime
viernes, 26 de diciembre del 2008 a las 06:50

Qué difícil llegar a cualquier lado sin ti. A las habitaciones del tedio donde a veces duermo, sin ti. A los aposentos de la sonrisa y del alcohol, sin ti. A las esquinas de esta árida ciudad, sin ti. Tanto mío tienes, que siento que camino sin un pulmón, sin una mano, sin una aurícula que de verdad parece sobrar.  Así, roto, incompleto, ¿se puede realmente decir que llego, que arribo, que algo he alcanzado?

PRESENCIA DEL OTOÑO

Debí decir te amo.
Pero estaba el otoño haciendo señas,
clavándome sus puertas en el alma.
Amada, tú, recíbelo.
Vete por él, transporta tu dulzura
por su dulzura madre.
Vete por él, por él, otoño duro,
otoño suave en quien reclino mi aire.
Vete por él, amada.
No soy yo el que te ama este minuto.
Es él en mí, su invento.
Un lento asesinato de ternura.

Juan Gelman

Ella era mi Norte, mi Sur...

por Hajime
miércoles, 24 de diciembre del 2008 a las 12:13

Shimamoto: no es, claro, que alguien se muera; no es que se acabe el mundo. Es sólo —nada más— que a mí se me acaba el mundo, que me agoniza en las manos, en los huesos. Existe, sí, ¿pero para qué? ¿Qué gano con ello, con tu recuerdo apretándome? "Nadie se va morir, menos ahora", dice Silvio... Pero qué tentación... Yo estoy dispuesto, y pido —con Sabines— "siquiera una semana"... Sirve que mientras tanto lees mi versión de un blues de Auden.

BLUES DE FUNERAL

Detengan los relojes, corten el teléfono.
Eviten que ladre el perro con un jugoso hueso,
silencien los pianos y, con tambores en sordina,
saquen el ataúd... Que se acerquen los deudos.

Que sobrevuelen los aviones, que giman sobre nuestras cabezas
deletreando en el cielo el mensaje: "Ha muerto".
Ciñan con crespones los blancos cuellos de las palomas,
que los policías del tráfico se pongan guantes negros.

Ella era mi Norte, mi Sur, mi Este, mi Oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi mediodía, mi noche, mis palabras, mi canto;
pensé que este amor duraría por siempre: me equivoqué.

Ya no quiero las estrellas; apáguenlas todas,
llévense la luna y desmantelen el sol,
vacíen el océano y arrasen los bosques,
pues nada de lo que venga habrá de ser bueno. 

------

FUNERAL BLUES

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He is Dead.
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever: I was wrong.

The stars are not wanted now; put out every one,
Pack up the moon and dismantle the sun,
Pour away the ocean and sweep up the woods;
For nothing now can ever come to any good.

W.H. Auden

Se mueven hacia el cielo imitando tijeras

por Hajime
sábado, 20 de diciembre del 2008 a las 23:30

"My kingdom for two of your words. Justo two. I offer the best of my dreams, the nest of my dreams, the memory of the goldfinch warbling and the sacred silence of my own burial for your voice saying to me this couple af ancient, miraculous words..."

DOS PALABRAS

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
que digo sin quererlo —¡oh, qué bella, la vida!—
Tan dulces y tan mansas
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
que nerviosos, mis dedos,
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
cortar estrellas.

Alfonsina Storni

Sobre el blog

El perfil de Shimamoto

Shimamoto nació entre palabras. De tanto morderla —moldearla— con versos, un día se volvió carne y comenzó a sonreír. De verla daban ganas de amarla y eso fue exactamente lo que hice.

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